Hombre típico japonés

La vestimenta japonesa para hombres tiene ciertas características interesantes. Este post te trae vestimenta japonesa para hombres pero puedes revisar este post que tiene vestimenta tradicional para mujeres. Seguro has visto a las mujeres andar kimonos. Para los hombres hay también kimonos, aunque son bastante simples. Sus mangas están unidas al cuerpo, solo por unos… Pero ¿habéis pensado en poner un nombre japonés al niño? Existen más de los que crees y son muy originales y con significados que se remontan a la antigüedad. Te ofrecemos un listado de 150 nombres de niño en japonés con su significado para ayudarte a elegir un nombre para el bebé junto a tu pareja. Kimono El kimono es el vestido tradicional japonés, que fue la prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. Los kimonos llegan hasta las partes bajas del cuerpo. Hay varios tipos de kimonos usados por hombres, mujeres y niños. El corte, el color, la tela y las decoraciones varían de acuerdo al sexo, la edad, el estado marital, la época del año y la ocasión. La vestimenta japonesa tradicional es el kimono, que fue la prenda de vestir usada hasta los primeros años de la postguerra, la misma consiste en una cómoda bata larga que cubre el cuerpo hasta los tobillos con amplias mangas, sujetada a la cintura por una ancha faja de tela, llamada obi, la cual es atada en la parte posterior con un lazo; además, el corte, el tipo de tela y sus ... La masculinidad de un hombre japonés… Siempre fue mi gran discución con amigas half. ... Ya que no son el típico «macho» que se ve a qui en Latinoamerica y creo que a otra mujeres Igual C: yass 20 abril, 2012 At 10:06 am. Buenas,llevo un tiempo leyendo el blog,me gusta,y bueno,soy española,y mi novio es japones, pienso k los afeminados ... Listado de apellidos en japonés, con su significado, uso y origen. Fujioka Deriva del japonés藤 (fuji) significado 'wisteria' y岡 (oka) significa 'canto'. Sería el típico calzoncillo japonés. Se trata de una banda de tela que se pasa por la entrepierna y se anuda por la cintura, dejando las nalgas al descubierto. Existen diferentes tipos: Rokushaku, Kuroneko, Mokko, Etchuu… PAREJA DE FIGURAS ANTIGUAS JAPONESAS. Bonita y curiosa pareja de figuras japonesas realizadas en metal (creo que es bronce, además con su patina tan bonita propia de los años) Son una pareja de hombre y mujer vestidos con atuendos típicos del país, en actitud de estar realizando un baile típico japonés. La cultura japonesa es una fascinante amalgama de respeto por la tradición y un deseo por lo nuevo. Esto se extiende a la esfera de vestimenta para los hombres. Aunque los japoneses estén al día con las tendencias de la moda mundial y los hombres de negocios internacionales están vestidos casi invariablemente con ... El kimono típico suele ser de colores mates y oscuros, como el negro, el café, los verdes y los azules oscuros. Los kimonos más casuales pueden ser de colores más brillantes, como el morado claro, el verde y el azul. Durante el verano, se utiliza el yukata, ya que es más fácil de llevar y es más ligero.

Jueves de anime y manga: Poser edition

2018.12.13 14:58 CapitanKomamura Jueves de anime y manga: Poser edition

Jueves de anime y manga: Poser edition
Guenos días a todxs. Hemos decidido nacionalizar el día del anime (ya te mando los bolsos chorgox) y generar un espacio semanal o quincenal para que hablemos del tema. Hoy voy a ser un buen sempai y les voy a recomendar animes que están en netflix y para que se sumerjan ahora mismo al mundillo.
La lista está incompleta (y hecha muy desde mi punto de vista) así que recomienden lo que quieran y, por supuesto, charlemos sobre mangas y animes en general.
¿Qué están viendo/leyendo? ¿Qué está bueno? ¿Qué les da curiosidad? ¿Por qué Misato es la mejor chica de Evangelion? ¿Por qué está mal gustar de Rei Ayanami?
El “tema” de la semana que viene está a votación, propongan y pongan flechitas pa’rriba**.** Propongo que sea Locomotion porque en mi pueblo de mierda perdido en la pampa Locomotion duró una semana, un capítulo de Eatman alcancé a ver nomás, gringos del orto.
A continuación, la lista dividida en cómodas categorías:
Clásicos que capaz que ya viste en magic kids o cartoon network
  • Naruto
  • Yu Gi Oh Es hora d-d-d-d-d-d-d-del duelo
  • Ruroni Kenshin (Samurai X)
“Veo series de netflix”
En esta sección pongo los animes que me parece que tranquilamente podrían ser altas series de netflix (y que netflix arruinó completamente tratando de hacerlas películas live-action). Si disfrutás de Breaking Bad, Vikings, Black Mirror y ese tipo de series, es muy probable que disfrutes de estos animes, porque tienen historias con acción, lindo desarrollo de personajes, mundos interesantes y un tremendo misterio a resolver.
A partir de acá, asuman que todos los animes tienen: Buenos personajes, buena historia, buena animación y buenas peleas (para los que son de peleas). Me di cuenta que en todas ponía lo mismo.
  • Fullmetal alchemist: Brotherhood. Los hermanos Elric son dos alquimistas que arruinaron sus cuerpos al romper uno de los tabúes de la alquimia. De más grandes se convirtieron en alquimistas estatales: “perros del ejército” en un país parecido a la Alemania del sXX. Buscando el modo de recuperar sus cuerpos, se van a encontrar con un misterio muy oscuro sobre su país, su origen, su familia, la alquimia misma y el devenir de la humanidad. Lo mejor de todo, es que para el género es muy corta.
  • Death Note. Otro clásico indiscutible (que admito que no vi). Un destacado estudiante de secundaria encuentra un cuaderno con el que puede matar personas escribiendo sus nombres. Decide convertirse en un justiciero matando a asesinos seriales y esas cosas. Mientras tanto, un grupo de detectives empieza a investigar las misteriosas muertes.
  • (Peli) Ghost in the Shell. Trata sobre una división especial compuesta por policías cyborgs, que trabaja con crímenes informáticos. Ambientada en un futuro donde te pueden hackear el cerebro. La mayor Kusanagi recibe un caso que va a hacer que se cuestione la naturaleza de su cuerpo, de su mente y de su lugar en el mundo. Muy reflexiva, es para verla más de una vez y ponerse a pensar. Algunos profes de filosofía de mi facu (psico en la UNC alguien?) la recomiendan.
  • Fate (varias series). Un buen shonen de batallas que tengo empezado. Trata de que cada no sé cuántos años, aparece el santo grial, que concede un deseo a quien lo posea. Por ese tesoro se pelean los “masters” que son magos que invocan a “servants”, figuras históricas o mitológicas como Hércules o Gilgamesh. Son varias series y no sé bien de cual estoy hablando.
Cosas que sé que están buenas
  • (Peli) Akira. Akira es una representación de lo que es el anime, de porqué para algunxs es una forma de arte especial. La animación, la música, la historia, todo está a otro nivel. Trata sobre una banda de adolescentes motoqueros, medio dealers, excluidos por el estado, que quedan enredados en unos experimentos del gobierno con poderes psíquicos. Por supuesto, todo se va al remil carajo: Lasers gigantes, amebas gigantes, Tokyo destruida por tercera vez. Lo más loco es que es bastante interesante por la mirada que hace de la sociedad.
  • One Punch Man. Saitama es un superhéroe que sufre porque derrota a todos sus enemigos de un golpe. Es bastante paródica, pero hay momentos que hay que tomárselos enserio (hay una escena que siempre me hace llorar un toque). Por suerte, la serie enseguida empieza a seguir otros personajes (todos súper carismáticos), y empieza a mostrar lo acomplejado que está Saitama por su condición. Si te gusta la acción bien animada, esta es tu serie. Segunda temporada confirmada.
  • Tengen Toppa Gurren Lagann Robots gigantes peleando contra monstruos del espacio. Superficialmente es la típica serie de peleas con monstruo semanal, todo súper exagerado y “japonés”. Pero todo lo hace a consciencia y lo usa para explorar sus temas. Todo el tiempo hay subtexto. Cambia mucho cuando muere cierto personaje y más aún luego de que los protas derroten al malo principal y establezcan un gobierno propio. Acá se pone súper político y social, y luego se pone bastante filosófica, sin perder la acción súper épica y bombástica.
  • Kill la Kill Otra que tengo pendiente. Es de la misma gente que hizo Gurren Lagann así que tiene las mismas advertencias y recomendaciones que la anterior. Se habló de que estaba “mal animada” y desde ya les digo que contar cuadros por segundo es una estupidez. TTGL y KLK usan la animación simple y brusca a propósito para hacer humor o ser más expresiva.
  • Code Geass Como no la terminé, no sé bien donde ponerla. Intriga política con estudiantes de secundaria, robots gigantes y poderes psíquicos (porque no es suficiente en Japón la intriga política). Es interesante porque el malo (el terrorista enmascarado con poderes psíquicos que conspira para derrocar al gobierno) es el bueno y el bueno (el típico prota de buen corazón que pelea por lo que cree correcto) pelea para los malos. De los 7 capítulos que vi, la historia ya empezaba a tener intriga y a ponerse bastante tensa. Anunciaron una temporada más o una peli.
  • Gundam: Unicorn. Otra de robots gigantes (¿Notan un patrón?). Gundam Unicorn es una secuela de una banda de otras series de Gundam ambientadas en el Universal Century, pero no se preocupen por eso. Unicorn está hecha a modo de introducción. Hay drama y desarrollo de personajes que se enlaza con la exploración del mundo y de su historia. Las peleas entre robots gigantes son variadas e interesantes. Hace poco salió en Japón una peli que es secuela directa y van a salir tres OVAs más sobre el hijo de uno de los personajes.
  • Recomienden más cosas que estén en netflix
Nos vayamos a las piñas discutiendo si es anime o no
Donde está tu honoru?! Como te atorevesu llamar anime a esta mierda gaijin!! [desenvaina katana] Vas a tener que cometer sepuku, kisama!!
  • Avatar
  • Castlevania
Pasta base de anime
Somos todxs seres sensibles y el nivel de trauma que pueden tener los japoneses no es para ir sin saber en qué se está metiendo unx. ¿Se acuerdan de esa escena de Krillin con Freezer?
Para que se den una idea, vean a un hombre llorar por Berserk. Ya full metal alchemist tiene cosas jodidas: decile “Ed… waard…” a alguien que haya visto la serie y mirá la cara que pone.
Es una pena que netflix tenga solo una entrada en esta sección. La censura mucho más relajada permite a los creadores de anime hacer lo que se les canta el orto y Devilman es una muestra de ello. MIentras tanto en la tv japonesa.
  • Devilman El mejor anime de 2018 salió en enero. Es una adaptación actualizada a nuestra época de un manga que de los 70 u 80, del autor de Mazinger. Dirigida por un loco que es muy creativo para animar. Akira es un joven de buen corazón que es reclutado por su amigo Ryu para combatir contra los demonios, por su puesto, todo se va a ir muy, muy, muy al carajo. La animación y la música son particularmente flayeras.
Evangelion (en especial la peli) iría acá. Si hiciera una sección de cosas más traumáticas que Devilman, y otra de cosas más traumáticas que esa segunda lista, Boku no Pico iría en la lista que sigue. Está completa en pornhub.
Animes para burlarte de la gente que ve anime y formarte estereotipos de mierda sobre los extranjeros
  • The Irregular magic highschool: Tomá un trago de fernet puro cada vez que la chabona diga “Onisama”, dé muestras de amor enfermizo por su hermano y cada vez que este sea perfecto.
  • Sword art online: Soy del grupo de elitistas pseudo-intelectuales que disfruta de odiar esta serie. El primer arco está pasable.
  • Neo Yokio: No sé qué pasó acá. Creo que estaban teniendo un acv, un brote psicótico y un viaje de ayahuasca mientras estaban creando esto. Igual no es anime porque es yanqui.
En fin, espero que les haya interesado algo y que conversemos mucho sobre dibujitos chinos. Nos vemos en 7 o 15 días y gracias a chorgox por habilitar el espacio.
Inb4: lenguaje inclusivo, discúlpame macho-sama
https://preview.redd.it/p0duvixtv1421.jpg?width=1200&format=pjpg&auto=webp&s=900a325e83077ec77a1e3d322ac724db2fed4884
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2016.06.03 03:21 ShaunaDorothy Karl Marx tenía razón - Crisis económica capitalista: Los patrones obligan a los obreros a pagar (2 - 2) (Primavera de 2009)

https://archive.is/vQFPC
El fin de la hegemonía económica de EE.UU. posterior a la Segunda Guerra Mundial
Teniendo esto en mente, veamos esquemáticamente la historia de la economía capitalista estadounidense de la posguerra. Durante las dos primeras décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dominó el mercado mundial de productos industriales. Constantemente obtenía grandes superávits en su balanza comercial con casi todos los demás países capitalistas. Sin embargo, hacia la mitad de los años sesenta, Alemania Occidental y Japón habían reconstruido y modernizado sus economías al punto de poder en realidad competir con Estados Unidos en los mercados mundiales y también en el mercado interno estadounidense. Así que el flujo de sus magnitudes comerciales fue revertido. Estados Unidos empezó a incurrir en grandes déficits en su balanza comercial.
En pocos años, este giro destruyó el sistema monetario internacional de posguerra que se había establecido en la conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Se llamaba el patrón de cambio oro-dólar. Las divisas de los países capitalistas más importantes quedaron fijas frente a las demás por largos periodos y ancladas por el dólar. Washington prometió —y quiero enfatizar la palabra “prometió”— que los otros gobiernos podrían intercambiar libremente por oro todos los dólares que tuvieran a una tasa de 35 dólares la onza.
Para principios de los años setenta, eso ya no era objetivamente posible. El volumen de dólares que poseían los bancos centrales extranjeros superaba por mucho la reserva de oro de Estados Unidos a 35 dólares la onza. El gobierno fran- cés de Charles de Gaulle, que resentía el dominio internacional de Estados Unidos y aspiraba a restaurar la “grandeza” de Francia, empezó a cambiar por oro sus reservas de dólares. Así, en agosto de 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la “ventana del oro”, lo que terminó con la convertibilidad del dólar a mercadería universal de valor intrínseco (de trabajo). Tras unas cuantas conferencias internacionales inútiles, lo que surgió fue un no-sistema de tasas de cambio fluctuantes. Desde entonces, las tasas de cambio de divisas han estado determinadas por las condiciones del mercado, modificadas por intervenciones gubernamentales de vez en cuando. La razón por la que estoy explicando esto es que el régimen de tasas de cambio fluctuantes tuvo dos consecuencias a largo plazo, que subyacen a la actual crisis financiera.
Una: creó un gran y nuevo elemento de incertidumbre, es decir, el riesgo de pérdidas, en todas las transacciones financieras internacionales, especialmente las de largo plazo. Así pues, las tasas de cambio de divisas se convirtieron en una importante esfera de especulación financiera. Gran parte del libro de Das sobre el comercio de derivados habla de protegerse contra los cambios en las tasas de cambio de divisas y de especular con ellos.
Dos: al cortar los lazos entre el dólar y el oro, el capitalismo estadounidense, tanto al nivel corporativo como al nivel gubernamental, logró aumentar masivamente su deuda externa, sin otro límite superior que la voluntad de los gobiernos e inversionistas extranjeros de comprar activos denominados en dólares. Ahora el dólar vale alrededor de 20 centavos en términos del dólar de 1971. En el Financial Times de Londres (24 de noviembre de 2008), Richard Duncan subrayó este aspecto de la actual crisis mundial:
“Cuando Richard Nixon destruyó el Sistema Monetario Mundial de Bretton Woods en 1971 cerrando la ‘ventana del oro’ en el Tesoro, cortó el último vínculo entre los dólares y el oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de instrumentos de crédito cada vez más espurios denominados en una divisa depreciada. El ejemplo más flagrante y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulado, que se ha inflado hasta alcanzar los 600 billones de dólares, lo que equivale a casi 100 mil dólares por cada habitante de la Tierra.”
Aumentar la tasa de explotación
En 1974-75 hubo un declive económico mundial muy pronunciado e importante. Aunque no duró mucho, tuvo consecuencias importantes, sobre todo en Estados Unidos. Al salir del declive económico, la clase capitalista estadounidense hizo un esfuerzo concentrado para aumentar la tasa de explotación del proletariado, es decir, la proporción de plusvalía con respecto a salarios. Los capitalistas exigieron de la burocracia sindical contratos entreguistas y la imposición de salarios más bajos para nuevas contrataciones, y lo obtuvieron. Trasladaron la producción del noreste y el medio oeste sindicalizados al sur y suroeste que no están sindicalizados, así como a países donde los salarios son bajos en Latinoamérica y Asia.
Esta ofensiva antiobrera, que comenzó bajo el presidente demócrata de derecha Jimmy Carter, aumentó bajo el aun más derechista presidente republicano Ronald Reagan. El aplastamiento de la huelga de controladores aéreos de PATCO en 1981, y la subsiguiente reacción rompesindicatos durante huelgas como la de Greyhound, marcaron el inicio de esta ofensiva. En ese entonces, nosotros abordamos la necesidad de que el movimiento obrero combatiera la ofensiva capitalista, especialmente en el artículo “Para ganar, darle duro a la patronal” (Spartacist [Edición en español] No. 15, julio de 1984). Lo que decíamos en “Darle duro”, que los obreros no pueden jugar con las reglas de los patrones, conserva toda su validez para el movimiento obrero estadounidense de hoy.
Aquí quiero enfatizar un aspecto de la ofensiva antiobrera de principios y mediados de los años ochenta que no era obvio entonces. El ascenso del monetarismo y la “desregulación” financiera como doctrina y como política en los Estados Unidos de Reagan y también en la Gran Bretaña de Thatcher estuvo en parte basado en el debilitamiento del movimiento obrero y fue condicionado por éste. En la Gran Bretaña, el giro decisivo a la derecha en la relación de fuerzas de clase fue la derrota de la huelga minera de 1984-85. La reciente nota de la camarada McDonald sobre el impacto de la crisis económica en Gran Bretaña señalaba que en 1986 el gobierno de Thatcher “desreguló” la City de Londres. No fue accidental, como se dice, el que la especulación con capital financiero se desatara justo después de la derrota de la huelga minera.
En Estados Unidos durante los años ochenta, que los liberales llaman frecuentemente “la década de la codicia”, hubo una redistribución masiva del ingreso hacia arriba, combinada con un aumento masivo en la deuda externa de Estados Unidos. El gobierno de Reagan recortó los impuestos para los ricos mientras aumentaba enormemente el gasto militar en la creciente Segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética. Para financiar los grandes déficits gubernamentales que resultaron, una gran porción de los bonos del Tesoro recién emitidos se vendió en el extranjero, especialmente a los japoneses. En el lapso de dos o tres años, Estados Unidos pasó de ser la nación más acreedora del mundo a ser la más endeudada.
La redistribución del ingreso hacia arriba y el creciente endeudamiento exterior de Estados Unidos estuvieron orgánicamente vinculados a la desindustrialización del país. Grandes extensiones del medio oeste llegaron a conocerse como el “cinturón del óxido”. A mediados de los años sesenta, la manufactura constituía el 27 por ciento del producto interno bruto estadounidense y empleaba al 24 por ciento de la mano de obra. Para principios de la década de 2000, el peso de la manufactura se había reducido al catorce por ciento de la producción total y empleaba sólo al once por ciento de la mano de obra total.
Básicamente, los salarios reales por hora para obreros de base llegaron a su punto más alto a principios de los años setenta. Durante la mayor parte de las últimas tres décadas y media, la compensación real por unidad de trabajo ha estado por debajo de ese nivel. Sólo ocasional y brevemente, por ejemplo en la fase final del auge económico de los años noventa, los pagos netos reales por hora se han acercado o han superado a los de principios de los setenta. En la medida en que las familias obreras han aumentado sus ingresos en las últimas décadas, ha sido debido a que ambos cónyuges tienen trabajos de tiempo completo, trabajan muchas horas extras o hasta en dos empleos, si es que hay tales empleos disponibles.
Sin embargo, para el principio de la década de 2000, estos medios generalizados de aumentar el ingreso familiar prácticamente se habían agotado. Al mismo tiempo, los trabajadores han enfrentado un agudo aumento en ciertos gastos básicos: la vivienda (tanto comprada como rentada), los servicios médicos y las colegiaturas universitarias para sus hijos. Así que han tenido que endeudarse más. En la víspera de la actual crisis, a principios de 2007, el promedio de endeudamiento familiar era 30 por ciento mayor que el ingreso anual disponible. Esto fue posible principalmente porque las familias adquirieron préstamos respaldados por sus viviendas “aprovechándose”, por decirlo así, de la entonces creciente burbuja en los precios de la vivienda.
El auge de los punto com y la burbuja inmobiliaria
Para entender la burbuja en los precios de la vivienda que hubo a principios y mediados de la década de 2000, hay que retroceder un poco para mirar el llamado auge de los punto com de mediados y finales de los años noventa. Éste fue un clásico ciclo de auge y caída como los que describió Marx en El capital. Una ráfaga de inversiones, principalmente en nueva tecnología —en este caso, la informática, los servicios de Internet y las telecomunicaciones—, aumenta lo que Marx llamó la composición orgánica del capital. Esto es el valor de los medios de producción (el tiempo de trabajo encarnado en ellos) necesario para emplear trabajo vivo. En la economía burguesa, se llama capital por trabajador. Un aumento en la composición orgánica del capital hace bajar la tasa de ganancia. Incluso si la productividad aumenta y los salarios no, el aumento de la ganancia por trabajador no compensa el incremento de capital por trabajador.
Esta dinámica pudo observarse claramente en el auge en los noventa del sector de telecomunicaciones, uno de los pilares de la “nueva economía” o “revolución TI (tecnología de la información)”. La recuperación de capital de las empresas de telecomunicaciones cayó continuamente del 12.5 por ciento en 1996 al 8.5 por ciento en 2000. En ese entonces, un analista de Wall Street, Blake Bath, describió a su modo la ley de la disminución de la tasa de ganancia aplicada a las telecomunicaciones. “Parece que el sector está muy sobrecapitalizado”, juzgó. “El gasto ha aumentado a niveles absurdamente rápidos con respecto a los ingresos y ganancias que ese gasto produce” (Business Week, 25 de septiembre de 2000). O, como lo puso Marx en el volumen III de El capital: “El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital [énfasis en el original].”
En 2000-01, el auge de los punto com se convirtió en caída, dando paso a una recesión. Buscando suavizar el impacto del declive económico, Alan Greenspan, director de la Reserva Federal (el banco central estadounidense), inundó con dinero los mercados financieros. Para 2003, la Fed recortó la tasa de interés sobre los préstamos a corto plazo de sus bancos miembros del 6.5 al uno por ciento, lo que en ese momento fue el interés más bajo en medio siglo. Durante la mayor parte de este periodo, la llamada tasa de fondos federales estuvo por debajo de la tasa de inflación. En los hechos, el gobierno estaba regalando dinero a los financieros de Wall Street. A finales de 2004, el Economist de Londres advirtió que “la política de dinero fácil” de Estados Unidos “ha desbordado sus fronteras” y “ha inundado los precios de las acciones y las casas en todo el mundo, inflando una serie de burbujas de precios sobre activos.”
En el centro de la actual crisis hay un tipo de instrumento financiero conocido como derivado. Los tradicionales títulos financieros primarios —bonos y acciones corporativos— representan en el sentido legal y formal la propiedad sobre bienes, es decir, bienes y servicios que encarnan valor de uso así como valor de cambio como productos del trabajo. Los derivados se basan en los títulos primarios o están conectados a ellos de alguna forma. Un tipo importante y típico son las coberturas por riesgos crediticios. Formalmente, y quiero enfatizar la palabra formalmente, es una especie de póliza de seguro contra la insolvencia de los bonos corporativos. Sin embargo, uno puede comprar un canje financiero contra el impago del crédito sin tener los bonos corporativos. En ese caso es una forma de especular con que la corporación se vuelva insolvente. Imaginen que 20 personas están aseguradas contra el incendio de un mismo edificio, 19 de las cuales no son dueñas del edificio. Bueno, bienvenidos al mundo de los derivados. Además, se puede especular con el cambio en el precio de una cobertura de riesgo crediticio mediante lo que se conoce como opciones put y call.
El punto básico es que se han acumulado derivados sobre derivados sobre otros derivados. Para cuantificar: en 2005, si se sumaba todo el valor nominal en el mercado de todos los derivados del mundo, el resultado era tres veces mayor que el de los títulos primarios en los que supuestamente se basan. Para entender la extrema gravedad de la actual crisis financiera, hay que reconocer la inmensa magnitud de lo que Marx llamó “capital ficticio” que se ha generado en las últimas décadas. A principios de los años ochenta, si se sumaba el valor nominal en el mercado de todos los bonos y acciones corporativos y también de los bonos gubernamentales por todo el mundo, el resultado se aproximaba a la producción anual de bienes y servicios, lo que los economistas burgueses llaman el producto interno bruto global. En 2005, el Fondo Monetario Internacional calculó que si se hacía esa misma operación, el valor de sólo los títulos primarios era casi cuatro veces mayor que el producto interno bruto global. Y si se añaden los derivados, la cantidad de riesgo en el sistema financiero se ha multiplicado muchas veces.
Charles R. Morris, un periodista financiero de mentalidad crítica, describió cómo se tramó este Everest de “riqueza” espuria de papel:
“¿Cómo pudo llegar tan alto el apalancamiento? En la clase de instrumentos de los que hemos estado hablando, hay relativamente pocos ‘nombres’ o empresas subyacentes, cuyas acciones son ampliamente intercambiadas, unos cuantos cientos cuando mucho. Y un número relativamente pequeño de instituciones, especialmente los bancos globales, los bancos de inversión y los fondos crediticios sin regulación, realizan la mayor parte de este intercambio. De hecho, han construido una inestable torre de naipes de deudas vendiéndoselas y comprándoselas entre ellos, registrando ganancias en cada operación. Ésta es la definición de un esquema piramidal. En la medida en que el régimen de dinero gratuito previno la insolvencia, la torre podía tambalearse, pero seguía en pie. Pero pequeñas alteraciones en cualquier parte de la estructura pueden derribar toda la torre, y los movimientos sísmicos que ya se sienten prometen alteraciones muy grandes.” [énfasis en el original]
—The Trillion Dollar Meltdown: Easy Money, High Rollers, and the Great Credit Crash [El desplome del billón de dólares: dinero fácil, apostadores fuertes y el gran crac crediticio] (2008)
Conforme colapsa la torre de deudas, presiona implacablemente a la baja los precios de todos los activos financieros que no sean títulos gubernamentales del Primer Mundo. Y pronto puede sucederle también a éstos.
Impacto en Europa Occidental y Japón
La crisis financiera ha exacerbado enormemente las tensiones y conflictos de interés interimperialistas en lo que cada vez se conoce más como la des-Unión Europea. Los diversos esquemas de rescate nacionales han intensificado la competencia financiera al interior de la UE. El capital monetario especulativo de corto plazo entra a aquellos países —como Irlanda, inicialmente— en los que la política gubernamental hace parecer más seguros a los bancos y otras instituciones financieras. Y luego vuelve a salir cuando otros gobiernos ofrecen otros paquetes de rescate aparentemente más generosos.
También hemos visto una ruptura creciente entre los dos países centrales de la UE y la zona del euro: Alemania y Francia. El vanagloriado presidente francés, Nicolas Sarkozy, que por casualidad también ocupó la “presidencia” rotativa de la UE durante la segunda mitad de 2008, se presenta a sí mismo como el salvador del capitalismo mundial. Ha impulsado varios ambiciosos esquemas regulatorios financieros y de “estímulo” económico tanto en la UE como internacionalmente. No hace falta decir que las poses de Sarkozy no le han ganado amigos entre los gobernantes de los estados imperialistas fuera de Francia.
En particular, la clase dominante alemana, representada por el gobierno de coalición de demócratas cristianos y socialdemócratas, ha rechazado groseramente los diversos esquemas del francés. Nada de geld alemán, declaman, va a gastarse para costear el libertinaje y las flaquezas económicas de sus “socios” europeos. Más en general, quienes mandan en Berlín han insistido que le corresponde a otros países —léase Estados Unidos— arreglar sus propias economías de un modo que ayude también a Alemania. En palabras del ministro de economía alemán Michael Glos: “Sólo podemos confiar en que las medidas que adopten los otros países…ayuden a nuestra economía de exportaciones” (Financial Times, 1º de diciembre de 2008). ¡Siga soñando, Herr Minister!
Japón, que desempeña un papel muy importante en la economía mundial, no ha recibido suficiente atención de la prensa financiera estadounidense. Japón es la segunda economía más grande del mundo. Y, de manera más importante, el mayor acreedor del mundo. Aunque China lo ha superado recientemente como el mayor propietario de títulos del gobierno estadounidense, Japón es un acreedor mucho mayor de las corporaciones privadas de todo el mundo.
En 1989-90, estalló una burbuja de bienes raíces y valores bursátiles en Japón, lo que dio paso a una década de estancamiento, que más tarde llegó a ser conocida como “la década perdida”. Las autoridades monetarias forzaron la baja en las tasas de interés a prácticamente cero para estimular la inversión. Lo que pasó fue que esta medida funcionó, pero no en la forma que las autoridades del gobierno pretendían. El enorme exceso de capacidad industrial y de “préstamos bancarios morosos” desalentaron las inversiones adicionales en el mismo Japón. Así que los financieros japoneses y los inversionistas de todo el mundo pidieron préstamos baratos en Japón para luego invertir en otros países donde por algún motivo u otro la tasa de rendimiento era mayor. En la prensa financiera esto se conoció como el “carry trade de yenes”.
Ahora, esta práctica ha sido obligada duramente a invertir su marcha. Es decir, los inversionistas están vendiendo sus activos en todo el mundo, a precios cada vez más bajos, para pagar las deudas que contrajeron con los bancos y otras instituciones de Japón. Pero esto se ha convertido en un proceso contraproducente, pues, conforme este dinero entra a Japón, hace que el valor del yen aumente respecto a las divisas de casi todos los demás países en los que los deudores habían invertido. Así que eso aumenta el peso de su enorme deuda y de los futuros pagos. Imaginen que están vaciando una gran tina de agua, y que por cada cubeta que sacan, una cubeta y media entra por un conducto subterráneo. Bueno, ésa es la situación que enfrentan los inversionistas extranjeros y japoneses que por más de una década aprovecharon el “carry trade de yenes”.
Al mismo tiempo, el aumento en el precio del yen está haciendo que aumente el valor de los bienes japoneses en los mercados mundiales en un momento en el que la demanda global disminuye rápidamente. El núcleo del capitalismo industrial japonés está recibiendo un fuerte golpe. Por primera vez en siete décadas, Toyota espera tener pérdidas este año fiscal en sus negocios de autos y camiones. Sony ha anunciado que despedirá a cinco por ciento de la fuerza de trabajo de su división de electrónica y que cerrará hasta seis fábricas alrededor del mundo.
La crisis global sacude la economía “socialista de mercado” de China
Así que, ¿qué hay de China —que entendemos no es capitalista, sino un estado obrero burocráticamente deformado—? Durante la crisis financiera del Asia Oriental de 1997-98, China logró evitar el impacto de la crisis al expandir sustancialmente la inversión en construcción e infraestructura industriales. Y el régimen estalinista de Beijing está tratando de repetir esas medidas ahora. A principios de noviembre anunció un gran paquete de estímulo (equivalente a 585 mil millones de dólares) que se enfoca en expandir la infraestructura: vías férreas, carreteras, aeropuertos, puertos y cosas así. Posteriormente, sin embargo, ha resultado que la cantidad es mucho menor que la que se había indicado originalmente. Sólo una cuarta parte de los fondos vendrán del gobierno central; las otras tres cuartas partes deberán salir de organismos gubernamentales locales y bancos estatales. Pero los recursos financieros de estas instituciones son mucho más limitados. Stephen Green, un economista del Standard Chartered Bank de Shanghai, comentó al respecto: “Con la caída de las rentas públicas, es difícil imaginar cómo podrían los gobiernos, bancos y empresas locales compensar el resto de los Rmb 4 billones” (Financial Times, 15-16 de noviembre de 2008).
El camarada Markin y yo hemos estado discutiendo sobre el impacto que tendrá la crisis mundial en China. Y los dos coincidimos en que, esta vez, a diferencia de lo que ocurrió a finales de los noventa, la economía china no va a salir básicamente ilesa. Para empezar, éste no es un declive económico regional sino global. Y está centrado en Estados Unidos y Europa Occidental. Todo indica que va a ser muy grave y bastante prolongado. Una de sus consecuencias es que incrementa el proteccionismo antichino en Estados Unidos y Europa Occidental.
Vamos a ver, y ya estamos viendo, el lado malo y la inflexibilidad de lo que los estalinistas chinos llaman la economía “socialista de mercado”. En China hay decenas de miles de fábricas que emplean a decenas de millones de trabajadores y que pertenecen a empresarios nacionales, capitalistas chinos de ultramar de Hong Kong y Taiwán y corporaciones extranjeras que producen bienes específicamente destinados a los países capitalistas avanzados, bienes como juguetes, reproductores de CDs y sistemas de posicionamiento global para autos. Estas fábricas no pueden virar fácil y rápidamente su producción a, digamos, electrodomésticos para los obreros y campesinos chinos. Y eso sería así incluso si el Ejército de Liberación Popular volara helicópteros sobre los barrios obreros y las aldeas campesinas arrojando paquetes de dinero a los habitantes.
Además, el régimen de Beijing ha alentado su propia versión de la burbuja de precios de la vivienda y un auge en la construcción residencial. La numerosa y cada vez más pudiente pequeña burguesía urbana china —los yuppies chinos— pidieron préstamos para comprar, construir y expandir casas, no sólo para vivir en ellas, sino como inversión financiera. Esperaban que sus precios en el mercado continuaran subiendo en espiral. Bueno, pues la burbuja de la vivienda ya reventó. En un vecindario acomodado de Beijing, el precio de compra de departamentos nuevos cayó en un 40 por ciento entre febrero y octubre del año pasado. El Economist de Londres (25 de octubre de 2008) comentó: “El mercado de la vivienda produce desagradables sorpresas a las nuevas clases medias de China.” Desde luego, nosotros no estamos tan preocupados por las desventuras de los yuppies chinos. Sin embargo, nos preocupa mucho el efecto que el colapso de la burbuja de los precios de vivienda tenga en nuestra clase: el proletariado. Este colapso tuvo el efecto de deprimir la industria de la construcción residencial, mucha de cuya mano de obra consiste en obreros hombres emigrados del campo.
Lo que resulta de todo esto es que China, a diferencia de casi todos los países capitalistas, no va a entrar en una recesión; pero es probable que sí experimente un declive agudo en su tasa de crecimiento, que en el último par de décadas ha promediado cerca de un diez por ciento. Correspondientemente, habrá un gran aumento en el número de desempleados urbanos, tanto obreros que sean despedidos del sector privado como campesinos que lleguen a las ciudades en busca de empleos sin poder encontrarlos. Según las cifras oficiales, para el final de noviembre, 10 millones de trabajadores migratorios perdieron sus empleos en la China urbana. Y esta angustia económica va a producir un aumento en el descontento social. Ya ha habido protestas furiosas de los obreros fabriles despedidos en el delta del Río Perla, la principal región china de manufactura ligera para los mercados del Primer Mundo. Lo que no sabemos ni podemos saber es si el aumento del descontento obrero desestabilizará la situación política. Eso está más allá del alcance de nuestro conocimiento actual.
La resurrección del keynesianismo
¿Qué es más probable que ocurra? Todo indica que éste será un declive económico mundial excepcionalmente grave y prolongado, especialmente duro en Estados Unidos y Gran Bretaña. Al nivel ideológico y, en menor medida, al nivel de las políticas de gobierno, vamos a ver, y ya estamos viéndolo, un giro de derecha a izquierda en el espectro político burgués: políticas fiscales basadas en el aumento del gasto deficitario, nacionalización parcial de los bancos y otras instituciones financieras, intentos de expandir y apretar la regulación de las transacciones financieras y cosas así.
El camarada Robertson y otros han observado que el monetarismo como doctrina quedó completamente desacreditado y que el keynesianismo está otra vez de moda. He encontrado más referencias positivas a John Maynard Keynes en la prensa financiera de lengua inglesa en las últimas seis semanas que en los últimos diez años. La camarada Blythe señaló que hay un mito liberal muy enraizado en Estados Unidos de que fue el New Deal de Franklin Roosevelt, basado en las doctrinas de Keynes, lo que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión de los años treinta. No, lo que sacó a Estados Unidos de la Depresión fue la expansión de las “obras públicas” durante la Segunda Guerra Mundial, y por “obras públicas” quiero decir tanques, bombarderos, portaaviones y la bomba atómica.
Ya hemos escrito sobre el keynesianismo en el pasado, desgraciadamente, en un pasado demasiado distante en términos de la historia de nuestra tendencia. Les recomiendo en particular tres textos. A principios de los años sesenta, Shane Mage, uno de los fundadores de nuestra tendencia, escribió una tesis doctoral, “La ‘ley de la tendencia decreciente en la tasa de ganancia’: Su lugar en el sistema teórico marxista y relevancia para la economía estadounidense” (Universidad de Columbia, 1963). Por cierto, su asesor de tesis fue Alexander Ehrlich, el autor de The Soviet Industrialization Debate 1924-1928 [El debate sobre la industrialización soviética, 1924-1928]. La obra de Mage contiene una sección en la que explica la diferencia entre el entendimiento de Marx y el de Keynes sobre cuál es la causa básica de los declives económicos. En el declive económico mundial de 1974-75, yo escribí un artículo llamado “Marx vs. Keynes” (WV No. 64, 14 de marzo de 1975, reimpreso en WV No. 932, 13 de marzo de 2009), que era en parte teórico y en parte empírico. Y en 1997-98, WV publicó una serie bajo el encabezado general “Wall Street y la guerra contra la clase obrera”. La tercera parte, “El New Deal de los años treinta y el reformismo sindical” (WV No. 679, 28 de noviembre de 1997), contiene un análisis de Keynes a nivel teórico y un análisis empírico de Estados Unidos durante los años treinta, las medidas reales del New Deal y los acontecimientos económicos de la Segunda Guerra Mundial.
Quiero concluir con un par de puntos en los que la situación actual difiere de la de los años treinta. Como ya he indicado, la situación actual es muy diferente en tanto que la enorme cantidad de deudas contractuales nominales y legales que no pueden pagarse supera por mucho, por grandes múltiplos, los recursos financieros de los gobiernos capitalistas. En Gran Bretaña y en Italia ya están teniendo dificultades para financiar los crecientes déficits presupuestales que resultaron de los diversos esquemas de rescate. El Financial Times (1º de diciembre de 2008) cita a Roger Brown, un analista financiero del banco suizo UBS, que señaló:
“Los gobiernos ya están teniendo problemas, lo que no presagia nada bueno viniendo poco después de la recapitalización [de los bancos] y del anuncio de que se necesitan más fondos adicionales.
“Debemos preguntarnos si habrá suficientes inversionistas para comprar los bonos, o al menos si esto no impulsará los rendimientos muy arriba para atraerlos.”
Así que todos estos esquemas de rescate pueden compensar cuando mucho una pequeña fracción de las pérdidas.
Lo segundo es que Estados Unidos está entrando en este profundo declive con una enorme deuda preexistente, que en gran parte pertenece a gobiernos e inversionistas del este asiático. Y esto pone un límite superior bastante estrecho a los gastos deficitarios adicionales. En su primer pronunciamiento después de las elecciones, Barack Obama trató de disminuir, no de alentar, las expectativas de que Estados Unidos volverá pronto a la “prosperidad”: “Lo he dicho antes y lo repito ahora: no va a ser rápido ni va a ser fácil para nosotros salir del agujero en el que estamos.” Así habló el nuevo jefe del ejecutivo del país capitalista más poderoso del mundo.
Así que ¿cuál es la solución? Es, como sabemos, una simple y radical. La clase obrera debe adueñarse de los recursos productivos de la sociedad —las fábricas, los sistemas de transporte, los sistemas de generación de energía eléctrica— de los capitalistas y, mediante el establecimiento de una economía planificada, usar estos recursos en el interés de la clase obrera y de la sociedad en su conjunto. Pero, para hacer eso, hace falta un partido político que represente los intereses de la clase obrera contra los de la clase capitalista. En Estados Unidos, un partido como ése también defendería los derechos e intereses de las minorías oprimidas negra y latina, lucharía por los derechos de los inmigrantes y todos los demás sectores oprimidos de la sociedad. Para construir un partido así, los obreros deben romper, en particular, con el Partido Demócrata, es decir, el más liberal, o el que suena más liberal, de los partidos del capitalismo esta- dounidense. También es necesario deshacerse de la burocracia sindical procapitalista existente y remplazarla con una dirigencia que luche por los intereses de los obreros y, otra vez, de todos los oprimidos. Y sólo cuando eso haya ocurrido será posible llevar a cabo un principio básico, a saber, que quienes trabajan deben gobernar.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/31/crisis.html
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2016.05.21 20:14 ShaunaDorothy China: ¡Defender, extender las conquistas de la Revolución de 1949! ¡Por la revolución política obrera para echar a la burocracia estalinista ¡Derrotar la campaña imperialista de contrarrevolución! ¡Por una China de consejos obreros y campesinos en un Asia socialista! (2 - 3) (2004)

http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/china22.htm
De nuevo la cuestión agraria al frente
Discusiones sobre la economía china y su supuesta "transición al capitalismo" en los medios de comunicación burgueses y la academia occidentales usualmente se enfocan en la industria y las finanzas. Sin embargo, 700 millones de los mil 300 millones de habitantes de China todavía están involucrados en la agricultura. La principal fuerza social motriz de la Revolución de 1949 fue un levantamiento campesino masivo contra la clase terrateniente, muchos de cuyos miembros recibieron su justo merecido a manos de aquellos a quienes habían oprimido y explotado brutalmente. Toda la tierra agrícola fue nacionalizada.
Una de las primeras "reformas" económicas del régimen de Deng fue la decolectivización de la agricultura, con familias campesinas recibiendo sus propias parcelas pequeñas sobre la base de contratos de arrendamiento a largo plazo. Sin embargo, la tierra no fue reprivatizada y se impusieron restricciones a la transferencia de derechos de arrendamiento. Aun así, la competencia entre pequeños campesinos necesariamente resultó en una diferenciación económica cada vez más amplia en las aldeas rurales. Emergió una clase de granjeros ricos que, mediante arreglos semilegales o ilegales, ha sido capaz de explotar el trabajo de sus vecinos más pobres. No obstante, la estructura básica de la economía agraria china es fundamental y manifiestamente diferente de la de la India, por ejemplo, donde más de cien millones de trabajadores agrícolas sin tierra trabajan en las grandes fincas de terratenientes ricos.
Sin embargo, la estructura actual de la economía agraria de China no puede mantenerse por mucho tiempo, dada su membresía en la OMC. El impacto de la creciente competencia de importaciones sobre las empresas industriales estatales puede, hasta cierto grado, ser amortiguado con financiamiento gubernamental adicional mediante los bancos. Pero no hay forma en que los pequeños campesinos chinos puedan competir con las empresas agrícolas de capital intensivo y científicamente administradas de Estados Unidos y otros de los principales países exportadores de comida. Aunque el régimen de Beijing ha cumplido en la reducción de aranceles y cuotas sobre productos agrícolas, también ha recurrido a dispositivos proteccionistas para cada caso. En 2002 se aplicaron nuevos "reglamentos de seguridad" a importaciones de grano genéticamente modificado. El año pasado, cargamentos de semillas de soya provenientes de EE.UU., Brasil y Argentina fueron detenidos alegando que estaban "contaminados" por un hongo (el cual, sin embargo, es también común a las semillas de soya cultivadas en China).
No obstante, la línea básica de la política agraria del régimen no es proteger a la multitud de pequeños campesinos. Es más bien pasar hacia granjas a gran escala y de facto de propiedad privada. Así, un pleno del Comité Central del PCCh llevado a cabo en octubre adoptó una resolución ablandando aún más las restricciones a la transferencia de tierra agrícola. Un periodista estadounidense que cubrió la reunión informó: "China está preocupada por la competencia de bienes comestibles extranjeros en la Organización Mundial de Comercio, y el surgimiento de grandes granjas incrementaría la eficiencia agrícola, dijo un agrónomo" (Washington Post, 15 de octubre de 2003).
Sin embargo, las resoluciones e intenciones de la dirigencia del PCCh a este respecto, como en otros, no se traducirán automática ni necesariamente en la realidad económica. La Revolución de 1949 sigue siendo un recuerdo vivo en el campo chino. Los campesinos pobres saben que sus abuelos impartieron una dura justicia plebeya a los brutales terratenientes y los avaros usureros aldeanos. Los actuales aspirantes a terratenientes de China bien podrían sufrir un destino similar. De hecho, durante la década pasada China ha visto muchas protestas y disturbios campesinos a gran escala, especialmente contra aumentos de impuestos y corrupción.
Pero China sí tiene que pasar de pequeñas parcelas campesinas a la producción agrícola moderna, a gran escala y mecanizada. La cuestión es cómo. Un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos no sólo prohibiría o restringiría la contratación de mano de obra y el arrendamiento de tierra adicional por parte de granjeros ricos, sino que también promovería la recolectivización de la agricultura. Esto no significa regresar a las comunas agrícolas de la era de Mao, que eran básicamente una agrupación de parcelas campesinas atrasadas. Para que la masa de campesinos chinos renuncie a sus propias parcelas a favor de las granjas colectivas, debe estar convencida de que ello resultará en un nivel de vida más alto para ellos y sus familias. Así, un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos ofrecería impuestos reducidos y créditos más baratos a los campesinos que se unieran a los colectivos.
La colectivización y modernización racionales de la agricultura china significarían una transformación profunda de la sociedad. La introducción de tecnología moderna en el campo —desde segadoras-trilladoras hasta fertilizantes químicos y todo el complejo de la agricultura científica— requeriría una base industrial cualitativamente superior a la que hoy existe. A su vez, un incremento en la productividad agrícola plantearía la necesidad de una gran expansión de empleos industriales en áreas urbanas para absorber el vasto excedente de mano de obra que ya no sería necesario en el campo. Claramente, esto significaría un proceso largo, particularmente dado el tamaño limitado y el nivel relativamente bajo de productividad de la base industrial china. Tanto el ritmo como, a fin de cuentas, la factibilidad de esta perspectiva dependen de la ayuda que China recibiría de un Japón socialista o unos Estados Unidos socialistas, subrayando una vez más la necesidad de la revolución proletaria internacional.
El espectro de una revuelta obrera
A principios del año 2000 fue cerrada una gran mina estatal de molibdeno en Yangjiazhangzi —una localidad en la deprimida antigua región industrial del noreste de China—. Algunas partes de la mina que se consideraron rentables fueron privatizadas, siendo retomadas principalmente por secuaces de los administradores. Una protesta en las oficinas de la empresa por parte de los mineros despedidos en torno al pago de liquidaciones raquíticas escaló rápidamente a una verdadera revuelta obrera. Unos 20 mil mineros y sus familias tomaron las calles, construyendo barricadas, quemando coches, rompiendo ventanas de oficinas de gobierno y quemando tambos de petróleo.
Las autoridades actuaron cautelosamente por miedo a que los obreros usaran la reserva de dinamita en la mina para defenderse. Durante dos días los obreros combatieron a la Policía Armada del Pueblo, una fuerza paramilitar creada a mediados de los años 80 específicamente para suprimir el creciente tumulto social. Finalmente fueron traídas unidades del ejército, disparando municiones reales por sobre las cabezas de los manifestantes, y sofocaron la rebelión. Dos años después, obreros también en el noreste de China desataron la revuelta más grande en el país desde el levantamiento de Tiananmen en 1989 que marcó una incipiente revolución política.
A su manera, la burocracia estalinista de Beijing reconoce que está sentada sobre un volcán de descontento social. En 2002, Jiang Zemin declaró que "expandir el empleo y promover el reempleo no es sólo un problema económico importante, sino también un problema político importante." Sin embargo, Jiang y sus consortes han fracasado —miserablemente— en alcanzar la meta de su propia política declarada.
El ministro del trabajo, Zhang Zuoji, reportó en 2002 que de los 26 millones de obreros despedidos de empresas estatales desde 1998, sólo 17 millones han sido reempleados. Y la situación a este respecto se está deteriorando rápidamente. Según estadísticas del gobierno, durante la primera mitad de 2002 sólo el nueve por ciento de los obreros despedidos fue reempleado, comparado con el 50 por ciento en 1998. En muchas ciudades de China, los obreros se alinean a lo largo de los caminos buscando empleo con carteles colgando del cuello que indican sus oficios: electricista, carpintero, plomero.
El medio principal mediante el cual el régimen de Beijing ha tratado de disminuir el crecimiento del desempleo ha sido una inmensa expansión de proyectos de trabajo público internamente financiados a través de un nivel cada vez más alto de gasto gubernamental deficitario. Pero en el futuro no tan distante, el régimen estalinista de Beijing va a tener que tomar algunas decisiones difíciles. Incrementar sustancialmente la proporción del producto social recaudado en impuestos implicará recortar las ganancias e ingresos de los empresarios capitalistas y también los de la pequeña burguesía más rica. El Far Eastern Economic Review (10 de octubre de 2002), cuya perspectiva está lejos de ser anticapitalista, observó: "Los vibrantes sectores privados de la economía costeña son notoriamente laxos en el pago de impuestos." Alternativamente, reducir sustancialmente los gastos del gobierno implicaría lanzar a muchos millones de obreros más a las calles y recortar sus raquíticos beneficios sociales (por ejemplo, pensiones). En ese momento, diferencias de políticas dentro de la dirigencia del PCCh, intersecando crecientes tensiones sociales, podrían empezar a fracturar a la burocracia.
Durante el último año, el régimen de Jiang fue sucedido por una llamada "cuarta generación" de líderes del PCCh representada por Hu Jintao como presidente y Wen Jiabao como primer ministro. Como Deng antes que él, Jiang ha retenido la máxima autoridad al permanecer como jefe de la Comisión Militar Central del PCCh, es decir, de facto comandante de las fuerzas armadas chinas. La posición ideológica de los líderes de la "cuarta generación" indica las presiones sociales en conflicto sobre ellos. Por un lado, han sido más abiertamente procapitalistas (legitimando la membresía en el partido para empresarios, proponiendo consagrar los "derechos de propiedad" en la constitución).
Al mismo tiempo, la nueva dirigencia del PCCh ha adoptado un estilo político más "populista" que el régimen gris y tecnocrático de Jiang. Así, poco antes de convertirse en premier, Wen Jiabao descendió a una mina de carbón en el amargo frío para celebrar el Año Nuevo Lunar con los mineros que trabajaban ahí. Más recientemente, el China Daily (30 de octubre de 2003) anunció con fanfarrias la intervención personal de Wen para ayudar a un obrero de la construcción migrante a obtener salarios anteriores que no se le habían pagado, comentando que esto "atestigua el hecho de que la nueva dirigencia, que está en contacto con el pueblo, ha sido exitosa cuando se trata de lidiar con los menos privilegiados del país".
Estos gestos "populistas" han sido acompañados con promesas de hacer más delgada la brecha entre ricos y pobres y entre las relativamente ricas provincias costeñas y las más empobrecidas regiones del centro y occidente de China. Si esto no es sólo retórica vacía sino que señala diferencias en el régimen en cuanto a políticas y prioridades económicas, el fraccionalismo resultante podría abrir la situación política. En ese caso, los factores decisivos serán la conciencia política de la clase obrera china y de otros trabajadores y la capacidad de los marxistas revolucionarios (es decir, leninistas-trotskistas) de intervenir para cambiar y elevar esa conciencia.
¡Por la democracia obrera!
En Europa Oriental y la antigua Unión Soviética en los años 80 y principios de los 90, muchos obreros, así como la mayor parte de la intelectualidad, sucumbieron a la ilusión de que la introducción del capitalismo al estilo occidental rápidamente produciría niveles de vida al estilo occidental. Pero los obreros y los pobres urbanos chinos ya han experimentado una gran dosis de capitalismo occidental (y japonés) en la forma de cientos de miles de millones de dólares en inversión extranjera y empresas conjuntas. También han experimentado la creciente presencia de explotadores capitalistas chinos, surgidos tanto del territorio continental como de más allá de las costas. Y la suma de esas experiencias es un incremento masivo de desempleo, inseguridad económica, desigualdad social y diferencias de ingreso.
Toda la evidencia indica que existe una hostilidad popular profunda y extensa hacia los elementos capitalistas que existen actualmente en China. Una encuesta de opinión pública llevada a cabo el año pasado por la Universidad Popular encontró que sólo el 5 por ciento de los encuestados pensaba que los nuevos ricos habían adquirido su riqueza por medios legítimos. La propuesta para incorporar "derechos de propiedad" en la constitución circulada en el XVI Congreso del PCCh en 2002 provocó un tanto de reacción popular. En los últimos años, ha habido una erupción de asesinatos de magnates.
Si es poco probable que los obreros chinos tengan ilusiones en el capitalismo al estilo occidental, la cuestión de la "democracia" al estilo occidental es otra cosa. Cuando la situación política en China se abra, grupos y partidos anticomunistas contrarrevolucionarios sin duda esconderán sus llamados por la economía de "libre mercado" mientras empujan por la "democracia", es decir, un gobierno parlamentario elegido sobre la base de un hombre, un voto. Típico de este tipo de gente es Han Dongfang, un "disidente" proimperialista que publica la revista China Labour Bulletin en Hong Kong y es muy querido por los congresistas de derecha y la burocracia anticomunista de la AFL-CIO en EE.UU.
El gobierno parlamentario es de hecho una forma política de la dictadura de la burguesía. En ese sistema, la clase obrera está políticamente reducida a individuos atomizados. La burguesía puede manipular efectivamente al electorado —en el cual el voto de un obrero fabril cuenta lo mismo que el de un administrador de fábrica o tecnócrata— a través de su control de los medios de comunicación, el sistema de educación y las demás instituciones que dan forma a la opinión pública. En todas las "democracias" capitalistas, los funcionarios de gobierno, elegidos y no elegidos, son comprados por los bancos y las grandes corporaciones.
Como Lenin explicó en su polémica clásica contra la socialdemocracia, La revolución proletaria y el renegado Kautsky (noviembre de 1918):
"Incluso en el Estado burgués más democrático, el pueblo oprimido tropieza a cada paso con la flagrante contradicción entre la igualdad formal, proclamada por la ‘democracia’ de los capitalistas, y los miles de limitaciones y subterfugios reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados....
"En la democracia burguesa, valiéndose de mil ardides —tanto más ingeniosos y eficaces cuanto más desarrollada está la democracia ‘pura’—, los capitalistas apartan al pueblo de las tareas de gobierno, de la libertad de reunión y de prensa, etc.... Mil obstáculos impiden a los trabajadores participar en el Parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones más importantes bajo la democracia burguesa; las resuelven la Bolsa y los bancos) y los obreros saben y sienten, ven y comprenden perfectamente que el Parlamento burgués es una institución ajena a ellos." [énfasis en el original]
Bajo la democracia burguesa, los obreros sólo tienen la ilusión de algún control o poder sobre el gobierno. Pero bajo un estado obrero, la cuestión de la democracia obrera no es una abstracción o ilusión, sino que, en el fondo, es una cuestión de poder. En un estado obrero como China, la dictadura del proletariado está deformada por el dominio estalinista: el proletariado como clase está privado del poder político, que en cambio está monopolizado por una casta burocrática antiobrera cuyas políticas a fin de cuentas amenazan la existencia misma del estado obrero. La clase obrera y los trabajadores rurales pueden ejercer el poder político real sólo mediante una dictadura del proletariado dirigida por sus propias instituciones de gobierno basadas en su clase, los soviets (el término ruso para consejos), que estarían abiertos a todos los partidos que defiendan las bases colectivizadas del estado obrero. En la misma obra, Lenin explicó:
"Los soviets son la organización directa de los propios trabajadores y explotados que los ayuda, en todas las formas posibles, a organizar y gobernar su propio Estado. La vanguardia de los trabajadores y de los explotados, el proletariado urbano, tiene en este sentido la ventaja de estar más unido, gracias a las grandes empresas; a él le es más fácil que a nadie elegir y controlar a los elegidos. La forma soviética de organización ayuda automáticamente a unir a todos los trabajadores y explotados en torno de su vanguardia, el proletariado. El viejo aparato burgués, la burocracia, los privilegios de la fortuna, de la instrucción burguesa, de las relaciones sociales, etc. (privilegios reales que son tanto más variados cuanto más desarrollada está la democracia burguesa), todo esto desaparece bajo la forma soviética de organización....
"La democracia proletaria es un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa. El poder soviético es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas." [énfasis en el original]
Las alternativas que enfrenta China son la revolución política proletaria o la contrarrevolución capitalista sangrienta. Debe señalarse que bajo ninguna circunstancia la restauración capitalista producirá ninguna forma de democracia burguesa. La destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero degenerado soviético y los estados obreros deformados de Europa Oriental ofrece un vistazo a lo que el capitalismo tiene reservado para los obreros chinos: guerra fratricida, pobreza y desempleo, total devastación social (ver "Cómo fue estrangulado el estado obrero soviético" y "Matanza nacionalista desgarra a Yugoslavia" en Espartaco No. 4, primavera de 1993).
No es ningún accidente que, más o menos al tiempo del golpe contrarrevolucionario de Yeltsin en 1991, muchos "demócratas" yeltsinistas argumentaron que se necesitaría un "Pinochet ruso" para administrar el naciente dominio capitalista en la antigua Unión Soviética. El economista Gavriil Popov, un aliado clave de Yeltsin e ideólogo en jefe de la "Plataforma Democrática" del PC soviético, que fue elegido alcalde de Moscú en 1991, reconoció francamente que la introducción del capitalismo no sería compatible con la democracia burguesa:
"Ahora debemos crear una sociedad con una variedad de formas distintas de propiedad, incluyendo la propiedad privada; y ésta será una sociedad de desigualdad económica. Habrán contradicciones entre las políticas que conducen hacia la desnacionalización, la privatización y la desigualdad por un lado, y por el otro, el carácter populista de las fuerzas que fueron movilizadas para alcanzar esos objetivos. Las masas añoran la justicia y la igualdad económica. Y mientras más avance el proceso de transformación, más aguda y evidente será la brecha entre esas aspiraciones y las realidades económicas."
—"Peligros para la democracia", New York Review of Books, 16 de agosto de 1990
Incluso en la antigua URSS, que era una potencia global industrial y militar, los regímenes políticos capitalistas en las diversas repúblicas constituyentes van desde el dominio "parlamentario" semibonapartista hasta la dictadura abierta. Una China capitalista sometería a sus masas a una dislocación social incluso más grande y a una pobreza mucho mayor.
Aun más, mientras que la vieja burguesía rusa fue destruida como clase, la burguesía china simplemente fue echada del territorio continental por la revolución y hoy sigue lista para reclamar sus pertenencias perdidas y buscar venganza, sobre todo contra el combativo proletariado. La restauración capitalista podría traer consigo un resurgimiento del dominio de señores de la guerra locales patrocinado por los imperialistas que marcó a la China prerrevolucionaria, conduciendo a la subyugación y el desmembramiento del país a manos del imperialismo occidental y japonés, infligiendo al mismo tiempo destrucción masiva en Corea del Norte y Vietnam.
Lograr la democracia soviética en países capitalistas requiere una revolución social proletaria que expropie a la burguesía y derroque el sistema de ganancias capitalista. En contraste, en China se requiere una revolución política proletaria para echar a la burocracia dirigente y poner el poder político en manos de los consejos de obreros, soldados y campesinos. Tal revolución política tiene premisa en la defensa incondicional de la economía colectivizada que es el fundamento social del estado obrero. Su programa fue encapsulado por Trotsky en su análisis clásico de la Rusia de Stalin, La revolución traicionada (1936):
"No se trata de reemplazar un grupo dirigente por otro, sino de cambiar los métodos mismos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática deberá ceder el lugar a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica, son condiciones necesarias para el desarrollo del país. El restablecimiento de la libertad a los partidos soviéticos y el renacimiento de los sindicatos, están implicados. La democracia provocará, en la economía, la revisión radical de los planes en beneficio de los trabajadores.... Las ‘normas burguesas de reparto’ serán reducidas a las proporciones estrictamente exigidas por la necesidad y retrocederán a medida que la riqueza social crezca, ante la igualdad socialista.... La juventud podrá respirar libremente, criticar, equivocarse, madurar. La ciencia y el arte sacudirán sus cadenas. La política extranjera renovará la tradición del internacionalismo revolucionario."
La lucha por la democracia obrera está íntimamente ligada a la lucha por la extensión de la revolución. Karl Marx escribió una vez que con la escasez se generaliza la pobreza "y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior". La base material del burocratismo se encuentra en la escasez: la burocracia se considera a sí misma el árbitro que decide cómo se usan y distribuyen los escasos recursos. La necesidad histórica una vez más fuerza la cuestión del internacionalismo revolucionario. Sin unos Estados Unidos socialistas, una Europa socialista, un Japón socialista, los trabajadores de China no podrán eliminar la escasez y la miseria. En efecto, el destino del proletariado chino —el destino de los trabajadores y oprimidos alrededor del mundo— será decidido en la lucha por la revolución socialista internacional.
La Liga Comunista Internacional está comprometida a llevar este programa revolucionario marxista —el único programa que puede defender a China contra las poderosas fuerzas de la contrarrevolución respaldada por los imperialistas— a los obreros y trabajadores rurales de China hoy día.
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